Marco teórico, antecedentes y metodología

Fundamentación Teórica

El marco teórico de esta propuesta se basa en la evidencia científica que demuestra la relación entre la educación física y el desarrollo integral de los individuos, especialmente en lo que respecta a sus habilidades sociales y emocionales. Al fomentar valores como el respeto, la tolerancia y la cooperación, la educación física puede contribuir significativamente a mejorar la cultura de paz y convivencia en las escuelas.

ANTECEDENTES DE LA INVESTIGACIÓN.

Para (Cerezo, 2004; Del Rey y Ortega, 2001; Díaz-Aguado, 2002; Rodríguez-Muñoz, 2007) “De los estudios, propuestas y programas que abordan la convivencia escolar, se puede deducir que ésta se trata de un fenómeno complejo en el que coinciden diversos factores relacionados con las interacciones que se establecen entre los integrantes de la comunidad educativa”. De esta manera, Sáez de Ocáriz, Unai, Lavega, Pere, Mateu, Mercé, Rovira, Glória (2014) resaltan la clase de Educación Física, porque “a través de situaciones motrices, activa una trama extraordinaria de relaciones motrices entre los participantes con una repercusión directa en la adquisición de competencias sociales que pueden contribuir a la mejora de la convivencia escolar.” Sin embargo, “algunos discentes parecen no reconocer como problemáticas conductas que alteran la vida normal de aula, y sobre todo, conductas que afectan a su responsabilidad como estudiantes, o reconocen con menos frecuencia conductas que sistemáticamente rompen el proceso de enseñanza aprendizaje, impidiendo alcanzar los objetivos educativos propuestos, teniendo consecuencias académicas, en el rendimiento escolar de todos los alumnos y en la autoestima profesional del docente. (Blásquez (2009), González (2011) y Méndez (2009)). Este planteamiento da a entender que la EF es un medio dentro del proceso de mejora de la convivencia escolar, porque valores como la adaptación a las normas, cohesión a un grupo, generación de sentido de pertenencia, liderazgo y el respeto. Algo similar sucede cuando Pelegrín (2004) y Chahín-Pinzón y Libia (2011) en Zurita, F., et al. (2015), analizan la relación entre agresividad y actividad física en adolescentes, observándose los beneficios, tanto fisiológicos como psicológicos que nos aporta la actividad física y cómo esta favorece el control de impulsos y por tanto los niveles de agresividad.

 

Metodología

Acción participativa, en forma individual, por pareja y grupal, aplicando circuitos, utilizando método inductivo, deductivo, repetitivo y lúdico, ejemplos; juegos de piso y pared.

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